Oraciones Santas
Te pido, ilustre dama, que disfrutes siempre de la gracia y del consuelo del Espíritu Santo. Con la llegada de su carta todavía me encuentro en la región de los muertos. Sin embargo, en un día u otro llegará el momento de volar al cielo, para alabar al Dios eterno en la tierra de los que viven. No tengo mucho tiempo antes de que este viaje se realice a partir de ahora. Si la caridad consiste, como dice San Pablo, en regocijarse con los que se regocijan y en llorar con los que lloran, vuestra alegría debe ser inmensa, ilustre madre, al pensar que Dios me llama a la verdadera alegría, que pronto poseeré con la seguridad de no perderla nunca más. Oraciones Santas Le confieso, ilustre dama, que al sumergir mi pensamiento en la consideración de la bondad divina, que es como un mar sin fondo ni límites, no me siento digno de su inmensidad, pues ella, a cambio de un trabajo tan breve y exiguo, me invita al descanso eterno y me llama desde el cielo a la felicidad suprema, que con tanta neg...